12 julio 2002

“Crímenes de honor”

El caso alcanzó rápidamente difusión internacional: una maestra de dieciocho años fue violada cuatro veces por orden de jueces tribales de una región rural de Pakistán, en castigo por el supuesto noviazgo que su hermano de doce años mantenía con una joven de una casta considerada superior.

Las fotografías de las agencias de noticias que ilustran el momento de la denuncia, muestran a la víctima, con el rostro cubierto con una prenda ritual, acompañada por la ministra pakistaní de Asuntos Femeninos, Attiya Inayatullah, en una demostración de la preocupación oficial por la persistencia de antiguas tradiciones tribales que chocan con el respeto a los derechos humanos. Ya hace dos meses, el presidente Pervez Musharraf había advertido públicamente que “los crímenes de honor no serán tolerados, sino que serán tratados como lo que son: asesinatos”. Sin embargo, en noviembre de 2000, cuando ya hacía un año que Musharraf estaba en el poder, Pakistán fue uno de los veinticinco países que se abstuvieron de votar una resolución de Naciones Unidas que llamaba a “trabajar hacia la eliminación de crímenes contra la mujer realizados en nombre del honor”.

El tema no es menor. Según la revista TIME, cada año trescientas mujeres son asesinadas en ese país por “cuestiones de honor”, aunque en 2000, la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán señaló que sólo en la región de Punjab se habían cometido mil homicidios de ese tipo durante ese año. Un informe de Amnistía Internacional de 1999 indicaba que en las áreas tribales pakistaníes, los hombres prácticamente no tienen otras formas de superar una situación en la que se percibe que su honor ha sido mancillado por un comportamiento de su mujer, que no sea matándola. Si no lo hacen, la sanción social es muy grande. El reporte advierte que no se trata de un problema exclusivamente masculino, ya que las mujeres de esas sociedades tribales suelen tener tan internalizadas estas normas no escritas, que es común que “aprueben o ayuden en los asesinatos de otras mujeres en el contexto del honor”. Los “pecados” de las víctimas cubren una gama tan amplia que incluye adulterio comprobado, sospecha de adulterio, o solicitud de divorcio.

Pero el honor no siempre está solo en este tipo de casos. El diario local The News relató en sus páginas un episodio que puede ilustrar esta contaminación: un hombre había sido asesinado por una causa ajena a los temas de honor, pero como la justicia ordinaria suele tomar al honor como atenuante, los asesinos buscaron una mujer de su propio clan, la mataron, y fabricaron una escena que apoyaba su tesis de que habían cometido el asesinato por haber encontrado a las víctimas in fraganti adulterio interclánico. La misma ministra Attiya Inayatullah que acompañó en la conferencia de prensa de la semana pasada a la joven violada por decisión tribal, tiene una larga historia de lucha contra estos crímenes y la hipocresía que ocultan. En su discurso en el Seminario Nacional sobre Crímenes de Honor (cuya propia realización ya es un indicador de la dimensión del problema), efectuado en Lahora en noviembre de 2000, calificó a parte de los asuntos de honor como verdaderas “transacciones comerciales”. La ministra se refería a los casos en los que un hombre pobre denuncia ante un concejo tribal que su esposa mantiene relaciones sexuales con un hombre rico; esto lleva al asesinato de la mujer y obliga al supuesto amante a pagar una suma de dinero para compensar al ofendido. No es difícil intuir las manipulaciones a las que se presta esta tradición.

Algunas veces, este código tribal abandona las zonas rurales de Pakistán y se instala en pleno Occidente. En febrero de 200, Nawaz Bhatti fue sentenciado a muerte en Estados Unidos por una corte de Clairsville, Ohio, por el asesinato de su esposa, su suegro, su cuñada y su sobrina. Nawaz Bathi argumentó que su esposa lo había deshonrado, ya que había pedido el divorcio luego de años de matrimonio pautados por la violencia doméstica. El múltiple homicidio fue cometido en 1999, en una fecha que dos años más tarde y por razones diferentes se convertiría en emblemática: el 11 de setiembre.

(Artículo de Roberto López Belloso publicado en Brecha el 12 de Julio de 2002).

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